» “Para instalar la resiliencia necesariamente necesitamos que en nuestra infancia nos hayan apoyado, querido y contenido”

“Para instalar la resiliencia necesariamente necesitamos que en nuestra infancia nos hayan apoyado, querido y contenido”

Claudia Henríquez, psicóloga del programa Infanto-juvenil de la Unidad de Salud Mental del Hospital de Quilpué explica la necesidad de los buenos tratos en la infancia.

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Los buenos tratos presentes en la infancia darán pie no sólo al bienestar de niños y niñas de nuestro entorno, sino que sentarán las bases del equilibrio mental y emocional de los futuros adultos. De ahí la importancia de promover conductas saludables en las relaciones que personas adultas y la sociedad en su conjunto, establecen con la infancia, muchos de cuyos problemas de salud mental son gatillados por prácticas sistemáticas de malos tratos.

Al Programa infanto juvenil de la Unidad de Salud Mental del Hospital de Quilpué llegan niños, niñas y adolescentes derivados desde la atención primaria, en algunos casos desde los tribunales o del sistema hospitalario una vez ha sido compensado el cuadro por el cual debieron hospitalizarse. Todos ellos presentan cierta sintomatología o mecanismos adaptativos, que son abordados desde distintas miradas, según explicó la psicóloga y traumaterapeuta infantil, Claudia Andrea Henríquez Gamonal.

“Para el enfoque biomédico se trata de síntomas. Desde la mirada de la resiliencia, son mecanismos adaptativos que los niños tienen para enfrentar la adversidad, las crisis. Es la capacidad de poder levantarse. Ahora para poder tener instalada la resiliencia, necesariamente necesitamos de otros y que en nuestra infancia nos hayan apoyado, nos hayan querido, nos hayan contenido. De acuerdo a la anchura de este colchón emocional es que me voy a poder parar o no” explicó.

Para esta profesional, existen dos visiones de la resiliencia. Una que la ve sólo como un factor innato de la persona y eso implica que a ese niño que es más “resiliente” se le inyecta recursos. “Pero me desentiendo de la que tiene que ver con un concepto de responsabilidad social, en donde todos somos parte y responsables y ahí está inserto el tema de buenos tratos hacia la infancia y de una sociedad bien tratante” comentó la profesional.

VISIBILIZAR EL MALTRATO

La Unidad de Salud Mental del Hospital de Quilpué trabaja terapéuticamente con niños que vienen de la atención primaria, en donde ya estos mecanismos adaptativos no les han servido para poder relacionarse con los elementos adversos o los factores de riesgo. “Estamos viendo muchos chicos con intento suicida, bastante niños con depresiones, niños con déficit atencional. Pero también estamos haciendo un esfuerzo por visibilizar los casos de maltrato, que a veces se solapan con depresión o intento suicida. Maltrato que tiene que ver tanto con lo físico, psicológico, de manera pasiva o activa, por omisión o por acción”, evidenció la profesional.

Según explicó Claudia Andrea, es común observar a niños que se desregulan en relación a sus emociones o a sus impulsos y generan conductas como intento suicida o inician consumo de alcohol y drogas. En la Unidad de Salud Mental el abordaje que se realiza es biomédico y terapéutico, a través de psiquiatras infanto juveniles, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y psicólogos, que atienden con un enfoque sistémico.

PONER NOMBRE A LAS EMOCIONES

Los buenos tratos son vitales para el desarrollo de una sociedad saludable. De acuerdo a los especialistas en resiliencia, es muy importante considerar que los niños necesitan estos buenos tratos porque las alteraciones que se producen no se van a ver inmediatamente, sino generalmente aparecen en la adolescencia.

“Es importante el que los chicos sean vistos como personas de derechos y en especial tienen derecho a establecer lazos con referentes que sean saludables  y ahí pongo a los profesores, a los padres, a los tíos, a los abuelos, a las distintas personas adultas con las que los niños tienen contacto. Sólo una mente adulta calma, puede calmar a un niño que está alterado, y en ese sentido por ejemplo, los gritos, el establecer dinámicas de escalada (me levantas la voz y yo te grito) nos hace mal a todos” expresó la terapeuta.

Claudia Henríquez pone como ejemplo los casos de trastornos de la personalidad, que en el periodo de la adolescencia se les llama desarrollo anormal de la personalidad. “Existe un trastorno de personalidad límite y que tiene que ver con una desregulación por ejemplo en el área de las emociones  y es como si una gotita se multiplica por mil. Entonces pueden tener episodios de cambios de ánimo durante el día en sus emociones y les cuesta reconocer qué las gatilla. Porque para saber qué las gatilla, se necesita de un adulto que me esté enseñando a etiquetar nuestras emociones. Y eso es otra cosa que vemos acá, niños que no saben qué es lo que les pasa, que no saben ponerle nombre a sus emociones”.  En este sentido -explicó la profesional- enseñar a los niños a etiquetar las emociones que siente desde muy pequeños,  favorece el autoconocimiento y el desarrollo en el futuro de conductas de empatía o de autocuidado, por ejemplo.

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AMOR CON LÍMITES

La fórmula mágica para establecer un vínculo seguro y saludable es el amor con límites. “Hay chicos que no se le han puesto límites, no han tenido nadie que contengan sus frustraciones, que los cobijen, que les enseñen a leer sus emociones y salen disparados a hacer lo que se les vino a la mente. Entonces tenemos niños que se cortan o chicos que tienen un discurso todo negro y al rato, todo blanco, viven de una polaridad a otra. Cuesta mucho organizar el pensamiento y la conducta. Poner el futuro en el presente para poder evaluar las consecuencias que tendrán mis actos” expresó.

Finalmente, la psicóloga aseguró que “nos falta mucho como sociedad, cómo instalar políticas de buenos tratos, capacitarnos todos. Cómo vamos dándonos cuenta que es una responsabilidad social que adultos calmos y sanos puedan prestar mente, puedan prestar palabras a estos niños para ayudar a organizarse. Si desde chiquititos somos mejor contenidos, como personas adultas vamos a ser más contenedores también, más empáticos. Todo se aprende con la práctica y se aprende con los buenos tratos”.